viernes, 16 de mayo de 2014

De la recompensa a los salvadores de almas

Y le explicaba Jesús a sus discípulos, " Amen, amén os digo: Aquél que se conserva en la vida y salva sólo un alma, además de la dignidad que él posee en el Reino de la Luz, recibirá otra dignidad por el alma que ha salvado; así que aquél que salve muchas almas, además de la dignidad que posee en la Luz, recibirá muchas otras dignidades por las almas que ha salvado".

Es pues la dignidad, la paciencia el amor y la bondad, la fuerza que nos debe acompañar, en este arduo camino. Pues la recompensa será al final.
Luchar por ser cada día mejor persona, mejor ser, esforzarse en conocerse un poco más cada día es la tarea.
Cada uno de nosotros se debe volver un salvador, un salvador de su alma, ser el salvador gemelo.
El salvador gemelo es la conciencia, que al despertar se vuelve el juez permanente de cada uno de nuestros actos. La conciencia es el Juez, es el guía que jamás se equivoca.
Si de verdad lo dejamos actuar el será nuestro faro y nos llevará a puerto seguro.
Conocer los misterios de la Luz, es llenarse de méritos para ellos. Son los llamados, los elegidos, quienes sientes la necesidad de la búsqueda.

Buscad y hallaréis, tocad y se os abrirá. Entonces , no ceséis día y noche, hasta que encontréis los misterios del Reino que os convertirán en Luz purificada.

domingo, 30 de marzo de 2014

Los Vigilantes

Palabras de bendición con las que bendijo "Enoc a los elegidos justos que vivirán en el día de la tribulación, cuando serán rechazados todos los malvados e impíos, mientras los justos serán salvados..

"Enoc, hombre justo a quien le fue revelada una visión del santo y del cielo pronunció su oráculo y dijo: la visión del Santo de los cielos me fue revelada y oí todas las palabras de los vigilantes y de los Santos y porque las escuché he aprendido todo de ellos y he comprendido que no hablaré para esta generación sino para una lejana que está por venir.

Es acerca de los elegidos que hablo y a causa de ellos que pronuncio mi oráculo: el Único Gran Santo vendrá desde su morada.

Observad todas las cosas que ocurren en el cielo, cómo las luminarias del cielo no cambian su ruta en las posiciones de sus luces y cómo todas nacen y se ponen, ordenadas cada una según su estación y no desobedecen su orden.

Mirad la tierra y presta atención a sus obras, desde el principio hasta el fin, cómo ninguna obra de Dios sobre la tierra cambia, y todas son visibles para vosotros.

Ved las señales del verano y las señales del invierno, cómo la tierra entera se llena de agua y las nubes rocían la lluvia sobre ella.

Observad y ved cómo todos los árboles se secan y cae todo su follaje; excepto catorce árboles cuyo follaje permanece y esperan con todas sus hojas viejas hasta que vengan nuevas tras dos o tres años.

Y otra vez observad las señales del verano, cómo en Él el sol quema y rescalda y entonces sobre la superficie ardiente de la tierra buscáis sombra y refugio del ardor del sol, sin encontrar forma de marchar ni por el suelo y ni por las rocas, a causa del calor.

El Dios eterno andará sobre la tierra, sobre el monte Sinaí, aparecerá con su gran ejército y surgirá en la fuerza de su poder desde lo alto de los cielos.

Y todos los vigilantes temblarán y serán castigados en lugares secretos y todas las extremidades de la tierra se resquebrajarán y el temor y un gran temblor se apoderarán de ellos hasta los confines de la tierra.

Las montañas se resquebrajarán y derrumbarán y las colinas se rebajarán y fundirán, como la cera ante la llama.

Y la tierra se dividirá y todo lo que está sobre la tierra perecerá y habrá un juicio sobre todos.

pero con el justo Él hará la paz y protegerá a los elegidos y sobre ellos recaerá la clemencia y todos ellos pertenecerán a Dios, serán dichosos y benditos, los ayudará a todos y para ellos brillará la luz de Dios.

Para los elegidos habrá luz, alegría y paz y heredarán la tierra, pero para vosotros impios habrá maldición.

Y entonces la sabiduría se dará a los elegidos y vivirán todos, y no pecarán más ni por olvido ni por orgullo, sino que en cambio los que sean sabios serán humildes.

No transgredirán más ni pecarán el resto de su vida, ni morirán por el castigo o por la ira divina, sino que completarán el número de los días de su vida. Su vida será aumentada en paz y sus años de regocijo serán multiplicados en eterna alegría y paz por todos los días de su vida.

Así sucedió, que cuando en aquellos días se multiplicaron los hijos de los hombres, les nacieron hijas hermosas y bonitas;
y los vigilantes, hijos del cielo las vieron y las desearon, y se dijeron unos a otros: "Vayamos y escojamos mujeres de entre las hijas de los hombres y engendremos hijos".

Entonces Shemihaza que era su jefe, les dijo: "Temo que no queráis cumplir con esta acción y sea yo el único responsable de un gran pecado".
Pero ellos le respondieron: "Hagamos todos un juramento y comprometámonos todos bajo un anatema a no retroceder en este proyecto hasta ejecutarlo realmente".

Entonces todos juraron unidos y se comprometieron al respecto unos con otros, bajo anatema.
Y eran en total doscientos los que descendieron sobre la cima del monte que llamaron "Hermon", porque sobre él habían jurado y se habían comprometido mutuamente bajo anatema.

Estos son los nombres de sus jefes: Shemihaza, quien era el principal y en orden con relación a él, Ar´taqof, Rama´el, Kokab´el, Ël, Ra´ma´el, Dani´el, Zeq´el, Baraq´el, ´Asa´el, Harmoni, Matra´el, ´Anan´el, Sato´el, Shamsi´el, Sahari´el, Tumi´el, Turi´el, Yomi´el, y Yehadi´el.
Estos son los jefes de decena.

Todos y sus jefes tomaron para sí mujeres y cada uno escogió entre todas y comenzaron a entrar en ellas y a contaminarse con ellas, a enseñarles la brujería, la magia y el corte de raíces y a enseñarles sobre las plantas.

Quedaron embarazadas de ellos y parieron gigantes de unos tres mil codos de altura que nacieron sobre la tierra y conforme a su niñez crecieron;
y devoraban el trabajo de todos los hijos de los hombres hasta que los humanos ya no lograban abastecerles.

Entonces, los gigantes se volvieron contra los humanos para matarlos y devorarlos;
Y empezaron a pecar contra todos los pájaros del cielo y contra todas las bestias de la tierra, contra los reptiles y contra los peces del mar y se devoraban los unos la carne de los otros y bebían sangre.
Entonces la tierra acusó a los impíos por todo lo que se había hecho en ella.

Y ´Asa´el enseñó a los hombres a fabricar espadas de hierro y corazas de cobre y les mostró cómo se extrae y se trabaja el oro hasta dejarlo listo y en lo que respecta a la plata a repujarla para brazaletes y otros adornos. A las mujeres les enseñó sobre el antimonio, el maquillaje de los ojos, las piedras preciosas y las tinturas.

Y entonces creció mucho la impiedad y ellos tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.

Shemihaza enseñó encantamientos y a cortar raíces; Hermoni a romper hechizos, brujería, magia y habilidades afines; Baraq´el  los signos de los rayos; Kokab´el los presagios de las estrellas; Zeq´el los de los relámpagos; ´EL enseñó los significados; Ar´taqof enseñó las señales de la tierra; Shamsi´el los presagios del sol; y Sahari´el los de la luna, y todos comenzaron a revelar secretos a sus esposas.

Como parte de los hombres estaban siendo aniquilados, su grito subía hasta el cielo.


Entonces Miguel, Sariel, Rafael y Gabriel observaron la tierra desde el santuario de los cielos y vieron mucha sangre derramada sobre la tierra y estaba toda llena de injusticia y de violencia que se cometía sobre ella.

Considerando esto, los cuatro fueron y se dijeron: "el grito y el lamento por la destrucción de los hijos de la tierra sube hasta las puertas del cielo".
Y dijeron a los santos del cielo: "Es ahora a vosotros a quienes las almas de los hijos de los hombres suplican diciendo "llevad nuestra causa ante el Altísimo, nuestra destrucción ante la gloria majestuosa y ante el Señor de todos los señores en cuanto a majestad".

Y Rafael, Miguel, Sariel y Gabriel dijeron al señor del mundo:"Tú eres nuestro gran señor, el Señor del mundo, el Dios de dioses, el Señor de señores y el rey de reyes; los cielos son el trono de tu gloria por todas las generaciones que existen desde siempre; toda la tierra es el escabel ante ti para siempre, y tu nombre es grande, santo y bendito por toda la eternidad.

"Eres tú quien todo lo ha creado y en ti reside el poder sobre todas las cosas; todo es descubierto en toda su desnudez ante ti; tú lo ves todo y nada se te puede esconder.
2tú has visto lo que ha hecho ´Asa´el, como ha enseñado toda injusticia sobre la tierra y revelado los secretos eternos que se cumplen en los cielos,
y lo que ha enseñado a los humanos Shemihaza, al que tú habías dado la facultad de gobernar sobre sus compañeros.
"Ellos han ido hacia las hijas de los hombres y se han acostado con ellas y se han profanado a sí mismo descubriéndoles todo pecado.

"Luego, estas mujeres han parido en el mundo gigantes, por lo que la tierra se ha llenado de sangre e injusticia.

"Y ahora mira que las almas de los que han muerto gritan y se lamentan hasta las puertas del cielo y su gemido ha subido y no puede cesar debido a la injusticia que se comete en la tierra.

"Pero tú que conoces todas las cosas antes de que sucedan, tú que sabes aquello, tú los toleras y no nos dices qué debemos hacerles al observar eso".

Entonces el Altisimo, Grande y Santo habló y envió a Sariel al hijo de Lamec.
Y le dijo: "Ve hacia Noé y dile en mi nombre, ´escóndete ´ y revélale la consumación que viene, pues la tierra entera va perecer, un diluvio está por venir sobre toda la tierra y todo lo que se encuentre sobre ella perecerá.

"En seguida enseña al justo, al hijo de Lamec, lo que debe hacer para preservar su alma para la vida y escapar definitivamente, pues por él será sembrada una planta y serán establecidas todas las generaciones".

Y además, el Señor le dijo a Rafael: "Encadena a ´Asa´el de pies y manos, arrójalo en las tinieblas, abre el desierto que está en Dudael y arrójalo en él.
Tira sobre él piedras ásperas y cortantes, cúbrelo de tinieblas, déjalo allí eternamente sin que pueda ver la luz, y en el gran día del juicio que sea arrojado al fuego.

Después, sana la tierra que los vigilantes han corrompido y anuncia su curación.

sábado, 22 de febrero de 2014

EL ACUSADOR Y LA FE

En la región de Uz había un hombre que vivía una vida recta y sin mancha, un fiel servidor de DIOS, cuidadoso de no hacer mal a nadie llamado Job.
Job tenia siete hijos y tres hijas, era el hombre más rico de todo el oriente. Sus hijos acostumbraban celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, y siempre invitaban a sus tres hermanas. Terminados los días del banquete, Job llamaba a sus hijos y, levantándose de mañana, ofrecía holocaustos por cada uno de ellos, para purificarlos de su pecado: Esto lo hacía siempre pensando que sus hijos podían haber pecado maldiciendo a DIOS en su interior.

Un día en que debían presentarse ante DIOS sus servidores celestiales, se presentó también el ÁNGEL ACUSADOR entre ellos.
El SEÑOR le preguntó:
¿De dónde vienes?
Y el acusador contestó:
He andado recorriendo la tierra de un lado a otro.
Entonces le dijo el SEÑOR: ¿Te has fijado en mi siervo Job? No hay nadie en la tierra como él, que me sirva tan fielmente y viva una vida tan recta y sin tacha, cuidando de no hacer mal a nadie.
Pero el acusador respondió:
Pues no de balde te sirve con tanta fidelidad. Tu no dejas que nadie lo toque, ni a él ni a su familia ni a nada de lo que tiene; tu bendices todo lo que hace, y él es el hombre más rico en ganado de todo el país. Pero quítale todo lo que tiene y verás cómo te maldice en tu propia cara.
El señor respondió al acusador:
Esta bien. Haz lo que quieras con todas las cosas de Job, con tal de que a él mismo no le hagas ningún daño.
Entonces el acusador se retiró de la presencia del SEÑOR.
Un día, mientras los hijos y las hijas de Job estaban celebrando un banquete en casa del hermano mayor, un hombre llegó a casa de Job y le dio esta noticia:
Estábamos arando el campo con los bueyes, y las asnas estaban pastando cerca; de repente llegaron los sabeos, y se robaron el ganado y mataron a cuchillo a los hombres. Sólo yo pude escapar para venir a avisarte.
Aún no había terminado de hablar aquel hombre, cuando llegó otro y dijo:
Cayó un rayo y mató a los pastores y las ovejas. Sólo yo pude escapar para venir a avisarte.
Aún no había terminado de hablar ese hombre, cuando llegó un tercero y dijo:
Tres grupos de caldeos nos atacaron, se robaron los camellos y mataron a cuchillo a los hombres. Sólo yo pude escapar para venir a avisarte.
Aún no había terminado de hablar este hombre, cuando llegó uno más y dijo:
Tus hijos y tus hijas estaban celebrando un banquete en casa de tu hijo mayor, cuando de pronto un viento del desierto vino y sacudió la casa por los cuatro costados, derrumbándola
 sobre tus hijos. Todos ellos murieron. Sólo yo pude escapar para venir a avisarte.
Entonces Job se levantó, y lleno de dolor se rasgó la ropa la cabeza y se inclinó en actitud de adoración. Entonces dijo:
Desnudo vine al mundo, y desnudo saldré de él. El Señor me lo dio todo, y el Señor me lo quitó; ¡Bendito sea el nombre del SEÑOR!
Así pues, a pesar de todo, Job no pecó ni dijo nada malo contra DIOS.

Cuando llegó el día en que debían presentarse ante el SEÑOR sus servidores celestiales, se presentó también el ángel acusador entre ellos.
El SEÑOR le preguntó:
¿De dónde vienes?
Y el acusador contestó:
He andado recorriendo la tierra de un lado a otro.
Entonces el SEÑOR le dijo:
¿Te has fijado en mi siervo Job? No hay nadie en la tierra como él, que me sirva tan fielmente y viva una vida tan recta y sin tacha, cuidando de no hacer mal a nadie. Y aunque tú me hiciste arruinarlo sin motivo alguno, él se mantiene firme en su conducta intachable.
Pero el acusador contestó al Señor:
Mientras no lo tocan a uno en su propio pellejo, todo va bien. El hombre está dispuesto a sacrificarlo todo por salvar su vida. Pero tócalo en su propia persona y verás cómo te maldice en tu propia cara.
El SEÑOR respondió al acusador:
Está bien haz con él lo que quieras, con tal de que respetes su vida.
El acusador se alejó de la presencia del SEÑOR, y envió sobre Job una terrible enfermedad de la piel  que lo cubrió de pies a cabeza. Entonces Job fue a sentarse junto a un montón de basura, y tomó un pedazo de olla rota para rascarse. Pero su mujer le dijo:
¿Todavía te empeñas en seguir siendo bueno?¡Maldice a DIOS y muérete!
Job respondió:
¡Mujer, no digas tonterías! Si aceptamos los bienes que DIOS nos envía, ¿Por qué no vamos a aceptar también los males?
Así pues, a pesar de todo, Job no pecó ni siquiera de palabra.

Bien queremos representar todo esto en el sentido  de que no es cierto que DIOS es el que nos somete a prueba, pero si es, el Ángel acusador que está pendiente de cada acto que hacemos y cada paso que damos para pedir que se le permita probarnos en la fe y al mismo tiempo castigarnos en nuestras faltas, pues cuando cometemos faltas estamos expuestos a los castigos que para un buen propósito tiene el Ángel acusador permitido obrar. ¡Que duelan es otro decir!
Son sus lecciones las que hacen al hombre falto de ser diligente por su SER y testarudo, reflexionar sobre su destino. Más al hombre de recto andar si por su sendero le devienen pruebas, es también para mirar el nivel de su firmeza y fuerza en su FE, como anotamos anteriormente.
Si es cierto que al Ángel acusador, se le ha dado potestad para castigarnos, por cada error y deuda que sobre nosotros pesa bien sea de esta o de vidas anteriores.
 
Y Dijo Jesús : la profecía de mi padre se cumplió en Adán por su desobediencia: Cuando el hombre desatiende el mandato de DIOS y sigue las obras de Satanás, cometiendo pecado, si su vida se prolonga, es con la esperanza de que se arrepienta, y aprenda que siempre está en las garras de la muerte. Y si se prolonga la vida de un hombre bueno, los hechos de su vejez se hacen notorios y los demás hombres buenos buscan imitarles.
Ahora si veis un hombre irascible, sabed que sus días siempre están contados.

lunes, 6 de enero de 2014

Llegada de los magos

Y la misma noche en que el Señor Jesús nació en Bethlehem de judea, en la época del rey herodes, un ángel guardián fue enviado a Persia. Y apareció a las gentes del país bajo la forma de una estrella muy brillante, que iluminaba toda la tierra de los persas. Y, como el 25 del primer Kanun (fiesta de la Natividad del Cristo) había gran fiesta entre todos los persas, adoradores del fuego y de las estrellas, todos los magos, en pomposo aparato, celebraban magníficamente su solemnidad, cuando de súbito una luz vivísima brillo sobre sus cabezas. Y, dejando sus reyes, sus festines, todas sus diversiones y abandonando sus moradas, salieron a gozar del espectáculo insólito. Y vieron que una estrella ardiente se había levantado sobre Persia, y que, por su claridad, se parecía a un gran sol. Y los reyes dijeron a los sacerdotes en su lengua:  ¿Qué es este signo que observamos? Y, como por adivinación, contestaron, sin quererlo: Ha nacido el rey de los reyes, el dios de los dioses, la Luz emanada de la Luz. Y he aquí que uno de los dioses ha venido a anunciarnos su nacimiento, para que vayamos a ofrecerle presentes, y a adorarlo. Ante cuya revelación, todos, jefes, magistrados, capitanes, se levantaron, y preguntaron a sus sacerdotes:¿Qué presentes conviene que le llevemos? Y los sacerdotes contestaron: Oro, incienso y mirra. Entonces tres reyes, hijos de los reyes de persia, tomaron, como por disposición misteriosa, uno tres libras de oro, otro tres libra de incienso y el otro tres libras de mirra. Y se revistieron de sus ornamentos preciosos, poniéndose la tiara en la cabeza, y portando su tesoro en las manos. Y, al primer canto del gallo, abandonaron su país, con nueve hombres que los acompañaban, y se pusieron en marcha, guiados por la estrella que les había aparecido. Y el ángel que había arrebatado de Jerusalén al profeta Habacuc, y que había suministrado alimento a Daniel, recluido en las cueva de los leones, en Babilonia, aquel mismo ángel, por la virtud del Espíritu Santo, condujo a los reyes de Persia a Jerusalén, según que Zoroastro lo había predicho. Partidos de Persia al primer canto del gallo, llegaron a Jerusalén al rayar el día, e interrogaron a las gentes de la ciudad, diciendo:¿Dónde ha nacido el rey que venimos a visitar? Y, a esta pregunta, los habitantes de Jerusalén se agitaron, temerosos, y respondieron que el rey de Judea era Herodes.

Sabedor del caso, Herodes manda a buscar a los reyes de Persia, y, habiéndolos hecho compadecer ante él, les preguntó:¿Quiénes sois?¿ De donde venís?¿Qué buscáis? Y ellos respondieron: Somos hijos de los reyes de Persia, venimos de nuestra nación, y buscamos al rey que ha nacido en Judea, en el país de Jerusalén. Uno de los dioses nos ha informado del nacimiento de ese rey, para que acudiésemos a presentarle nuestras ofrendas y nuestra adoración. Y se apoderó el miedo de Herodes y de su corte, al ver a aquellos hijos de los reyes de persia, con la tiara en la cabeza y con su tesoro en las manos, en busca del rey nacido en Judea. Muy particularmente se alarmó Herodes, porque los persas no reconocían su autoridad. Y se dijo: El que, al nacer, ha sometido a los persas a la ley del tributo, con mayor razón nos someterá a nosotros. Y, dirigiéndose a los reyes, expuso: Grande es, sin duda, el poder del rey que os ha obligado a llegar hasta aquí a rendirle homenaje. En verdad, es un rey, el rey de los reyes. Id, enteraos de dónde se halla, y, cuando lo hayáis encontrado, venid a hacérmelo saber, para que yo también vaya a adorarlo. Pero Herodes, habiendo formado en su corazón el perverso designio de matar al niño, todavía de poca edad, y a los reyes con él, se dijo: Después de eso, me quedará sometida todas esas naciones.

Y los magos abandonaron la audiencia de Herodes, y vieron la estrella, que iba delante de ellos, y que se detuvo por encima de la caverna en que naciera el niño Jesús.

En seguida cambiando de forma, la estrella se tornó semejante a una columna de fuego y de luz, que iba de la tierra al cielo. Y penetraron en la caverna, donde encontraron a María, a José y al niño envuelto en pañales y recostado en el pesebre. Y, ofreciéndole sus presentes, lo adoraron. Luego saludaron a sus padres, los cuales estaban estupefactos, contemplando a aquellos tres hijos de reyes, con la tiara en la cabeza y arrodillados en adoración ante el recién nacido, sin plantear ninguna cuestión a su respecto. Y María y José les preguntaron:¿ De dónde sois?Y ellos les contestaron: Somos de Persia. Y María y José insistieron:¿Cuándo habéis salido de allí? y ellos dijeron:

Ayer tarde había una fiesta en nuestra nación. Y, después del festín, uno de nuestros dioses nos advirtió: Levantaos, e id a presentar vuestras ofrendas al rey que ha nacido en Judea. Y, partimos de Persia al primer canto del gallo, hemos llegado hoy a vosotros, a la hora tercera del día.

Y María, agarrando uno de los pañales de Jesús, se lo dio a manera de elogio. lo recibieron de sus manos de muy buen agrado, aceptándolo, con fe, como un presente valiosísimo. Y, cuando llegó la noche del quinto día de la semana posterior a la natividad, el ángel que les había servido de guía, se les presentó de nuevo bajo forma de estrella. Y lo siguieron, conducidos por su luz, hasta su llegada a su país.

Vuelta de los magos a su tierra

Los magos llegaron a su país a la hora de comer. Y Persia entera se regocijó, y se maravillo de su vuelta.
Y, al crepúsculo matutino del día siguiente, los reyes y los jefes se reunieron alrededor de los magos, y les dijeron: ¿Cómo os ha ido en vuestro viaje y en vuestro retorno? ¿Qué habéis visto, qué habéis hecho, qué nuevas nos traéis?¿Y a quién habéis rendido homenaje? Y ellos les mostraron el pañal que les había dado María. A cuyo propósito celebraron una fiesta, a uso de los magos, encendiendo un gran fuego, y adorándolo. Y arrojaron a él el pañal, que se tomé en apariencia a fuego. Pero, cuando este hubo extinguido, sacaron de él el pañal, y vieron que se conservaba intacto, blanco como la nieve y más sólido que antes, como si el fuego no lo hubiera tocado. Y, tomándolo , lo miraron bien, lo besaron, y dijeron: he aquí un gran prodigio, sin duda alguna. este pañal es el vestido del dios de los dioses, puesto que el fuego de los dioses no ha podido consumirlo, ni deteriorarlo siquiera. Y lo guardaron preciosamente consigo, con fe ardiente y con veneración profunda.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Los enemigos de nuestra propia casa

Son cinco los habitantes de nuestra casa, y siempre viven enfrentado, dos contra tres y tres contra dos, los dos son: EL ESPÍRITU, conocido como la fuerza y el ALMA que es la bondad y la misericordia que acompaña siempre las actuaciones del ser humano.
Los tres son: el cuerpo físico, que es simplemente la envoltura donde moran estos, el falso espíritu que actúa como nuestra mente y el destino, bueno en si el destino simplemente es un ente que nos sigue como sombra, solo entra en acción en el momento de nuestra muerte.

La Fuerza, el alma y el falso espíritu, poco a poco cada uno crece de acuerdo a su naturaleza. La fuerza intuye a tratar de obtener la Luz de la altura; el Alma por otra parte, aspira a buscar la región de la rectitud que está mezclada.
El espíritu falso, por otra parte, busca las perversidades, codicias y todos los pecados, el cuerpo, por el contrario, no percibe nada a menos que obtenga fuerza de la materia.

E inmediatamente los tres desarrollan sentido, cada uno de acuerdo con su naturaleza. Y los receptores retributivos designan a los servidores (liturgos) a seguirlos y a ser testigos de todos los pecados que cometan, con el propósito de obtener una forma o método para castigarlos en los juicios.
 Por tanto, si el tiempo de ese hombre se ha completado, el destino aparece primero y lo conduce hacia la muerte a través de los arcontes y sus cadenas con las que ellos están atados al destino.

Y el espíritu falso se convierte en el receptor del alma siendo destinada a él para trasladarla de acuerdo al castigo por los pecados que haya cometido y esté en gran enemistad con ella.

martes, 29 de octubre de 2013

Lo valioso

De los confines de los caminos de los valioso.

Y en sus platicas continuaba diciéndoles a sus discípulos.
Decid preferentemente a los hombres del mundo: Sed pacientes para que podáis recibir los misterios de la Luz y elevaros hasta el Reino de la Luz.

Decidles: Amad a los hombres para que seáis dignos de los misterios de la Luz y os elevéis al Reino de la Luz.

Decidles: Sed bondadosos para que seáis dignos de los misterios de la Luz y os elevéis hasta el Reino de la Luz

Decidles: Sed pacíficos para que podáis recibir los misterios de la Luz y os elevéis hasta el Reino de la Luz.

Decidles: Sed misericordiosos para que podáis recibir los misterios de la Luz y os elevéis hasta el Reino de la Luz.

Decidles: Haced la caridad para que recibáis los misterios de la Luz y os elevéis hasta el Reino de la Luz.

Decidles: Asistid al pobre y al enfermo y al afligido, para que recibáis los misterios de la Luz y os elevéis hasta el Reino de la Luz.

Decidles: Amad a DIOS para que recibáis los misterios de la Luz y os elevéis al Reino de la Luz.

Decidles: Sed virtuoso, para que podáis recibir los misterios de la Luz y os elevéis al Reino de la Luz.

Decidles: Sed dignos para que recibáis los misterios de la Luz y os elevéis hasta el Reino de la Luz.

Decidles: Renunciad a todo para que recibáis los misterios de la Luz y os elevéis hasta el Reino de la Luz.

Ahora y por tanto, he traído  los misterios para que sus pecados sean a todos perdonados y todos sean recibidos en el Reino de la Luz. Pues los misterios son el regalo del Primer Misterio, ese hecho de que él pueda borrar los pecados y las iniquidades de todos los pecadores.

martes, 1 de octubre de 2013

El Reino de la Luz

Proclama de Jesús a sus discípulos.

Jesús en su discurso les decía a sus discípulos: "Cuando yo me haya ido a la Luz, proclamadlo entonces al mundo y decid: No ceséis en vuestra búsqueda día y noche, y no mengüéis hasta que halláis encontrado los misterios del Reino de la Luz, los cuales os purificarán y os convertirán en Luz purificada y os conducirán al Reino de la Luz."

Aquello a que los hombres deben renunciar.

"Decidles: Renunciad al mundo y a la materia que en él hay y a todos los intereses y a todos sus pecados; en una palabra, a todas las asociaciones que hay en él, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y salvados de todos los castigos que hay en los juicios."

"Decidles: Renunciad a la murmuración, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y salvados del fuego del rostro de perro."

"Decidles: Renunciad a escuchar las conversaciones ajenas, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los juicios del rostro de perro."

"Decidles: Renunciad a vuestra inclinación al litigio, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los castigos de Ariel."

"Decidles: Renunciad a la calumnia, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los ríos de fuego del rostro de perro."

"Decidles: Renunciad a los falsos testimonios, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y podáis escapar y ser salvados de los ríos de fuego del rostro de perro."

"Decidles: Renunciad al orgullo y a la arrogancia, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los abismos del fuego de Ariel."

"Decidles: Renunciad a la gula, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los juicios de Amente."

"Decidles: Renunciad a la indiscreción, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los fuegos del Amente."

"Decidles: Renunciad a la astucia, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los castigos que hay en el Amente."

"Decidles: Renunciad a la avaricia, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los ríos de fuego del rostro de perro."

"Decidles: Renunciad al amor terrenal para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de las capas de fuego del rostro de perro."

"Decidles: Renunciad al pillaje, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los ríos de fuego de Ariel."

"Decidles: Renunciad a la maledicencia para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los castigos de los ríos de fuego."

"Decidles: Renunciad a la iniquidad, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los juicios de los mares de fuego de Ariel."

"Decidles: Renunciad a la inmisericordia, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los juicios de los rostros de dragón."

"Decidles: Renunciad a la cólera, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los ríos de fuego de los rostros de dragón."

"Decidles: Renunciad a las maldiciones, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los mares de fuego de los rostros de dragón."

"Decidles: Renunciad al hurto, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los agitados mares de los rostros de dragón."

"Decidles: Renunciad al robo, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de Yaldabaoth."

"Decidles: Renunciad a la calumnia, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los ríos de fuego del rostro de León."

"Decidles: Renunciad a la lucha y a la rivalidad, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los hirvientes ríos de Yaldabaoth."

"Decidles: Renunciad a todo lo ignorante, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los servidores de Yaldabaoth y de sus mares de fuego."

"Decidles: Renunciad a hacer el mal, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los demonios de Yaldabaoth y de todos sus juicios."

"Decidles: Renunciad a la negligencia, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los hirvientes mares de brea de Yaldabaoth."

"Decidles: Renunciad al adulterio, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los mares de sulfuro y de brea del rostro de León."

"Decidles: Renunciad al asesinato, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados del regidor rostro de cocodrilo- ése que está en lo frío, que es la primera cámara de las tinieblas exteriores."

"Decidles: renunciad al ateísmo para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los gemidos y rechinar de dientes."

"Decidles: Renunciad a la inmisericordia y a la impiedad para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los regidores de las tinieblas exteriores."

"Decidles: Renunciad a las posiciones (mágicas) para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados del gran frío y granizo de las tinieblas exteriores."

"Decidles: Renunciad a la blasfemia, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados del gran dragón de las tinieblas exteriores."

"Decidles: Renunciad a las doctrinas erradas, para que seáis dignos de los misterios de la Luz y seáis salvados de los castigos del gran dragón de las tinieblas exteriores."

"Decid a aquellos que enseñan doctrinas erradas y a cada uno de los que son instruidos en ellas: Ay de vosotros, pues si no os arrepentís y abandonáis vuestro error, iréis a los castigos del gran dragón y de las tinieblas exteriores, que son sumamente crueles, y jamás seréis lanzados al mundo, sino que seréis sin existencia hasta el final."

"Decid a aquellos que abandonan las dotrinas verdaderas del primer Misterio: Ay de vosotros, pues vuestro castigo es triste comparado con el de todos los hombres. Pues vosotros permaneceréis en el gran frío y hielo y granizo en medio del dragón y de la oscuridad exterior, y jamás seréis lanzados al mundo desde esa hora, sino que os congelaréis en esa región y a la disolución del universo pereceréis, y dejaréis de existir para siempre."